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Empezamos en la universidad, por allá en el 2011, cargado para arriba y para abajo con una canasta de mimbre llena de zapatos, ¡nos iba muy bien! Pero llegó el día, la pregunta: ¿Y si montamos algo más?

¡Obvio sí! La primera gran idea sería convertirnos en una tienda a través de Facebook, y resultó tan bien que se nos creció el enano, así que a buscar nuestro primer local.
¡Qué ansiedad! De tanto buscar, encontramos uno en Laureles, $400.000 al mes, ¡eso era un mundo de plata por esos días! Pero como era un local bonito y bien ubicado, con la mano en el corazón y en lo más recóndito de nuestros bolsillos, lo tomamos.

Lo llenamos de a poquitos: Algunas prendas de diseñadores independientes, accesorios y zapatos. Oh, cómo ansiábamos el éxito inmediato, ¡y qué bajada de la nube tan brava! Al principio no entraba ni la luz del sol (literalmente, por un tiempo y por los horarios de la universidad, solo abríamos en la tarde, casi noche); a veces eran nuestras mamás quienes compraban un accesorio random para no cerrar la caja en blanco. 

En ese exceso de soledad, silencio (porque no había Internet para poner videítos de YouTube) y reflexión, llegamos a una conclusión: Para crecer hay que crear.

Señoras y señores, empezamos a fabricar nuestros propios productos. A la que nos arreglaba los jeans en casa, la de toda la vida, la trajimos a nuestro taller, que era en esencia la sala de nuestro apartamento. ¡Qué amor de mujer! Nos asesoró en todo lo que pudiéramos necesitar y lo que necesitábamos era operarios, entonces manos a la obra, ¡a cortar tela!

Queremos contarles a nuestros clientes, a los primeros, que vistieron prendas cortadas, cosidas y pulidas por algunos de nuestros compañeros de clase en la U, Publicistas que a cambio de cerveza salvaron el día.

¡Empezar es tenaz! Cuando estás chiquito no te hacen caso. El zapatero que nos conseguimos no nos paraba bolas, algunos distribuidores nos dejaba de últimos y los proveedores te ven con un tris de desconfianza; así que cada logro bien trabajado nos dejaba un gustito que ni se diga.

Y por fin, nos graduamos. ¡Ahora sí íbamos con toda! Bueno, con tiempo, que ya sí había. El taller ahora en realidad era un taller y nuestros operarios empezaron a ser expertos en el asunto.

Había ya una bodega que no era el baño que no usábamos, nuestro segundo local en Medellín iba viento en popa y las Redes Sociales se nos disparaban todos los días, sobretodo en Bogotá.

Una pata más a este gato, ¿y si abríamos una tienda en Bogotá? Pues sí, hágale. Otra vez con ese susto, nos fuimos a recorrer calles y más calles, hasta que encontramos un sector que nos enamoró. Típico, siempre se te antoja de lo más caro y agotado; ahí no había un solo local desocupado.

El paseo concluyó pero definitivamente queríamos nuestra tienda en Bogotá y justo ahí, así que dejamos una informante encubierta: A la señora que cuidaba los carros por esos lados, le soltamos unos billeticos para que apenas se desocupara un local nos llamara a contarnos.

Pasaron los días, las semanas y ya hasta resignación había, cuando suena el teléfono. ¡Era ella! Un local divino se había desocupado; no tenía ni medio día y ya había un par de ofertas. Corrimos Fast and Furious al aeropuerto y qué belleza, hasta nos dejó el avión; no pueden ver alguien de afán... Llegamos y al principio no había forma de convencer a ese hombre que nos dejara el local, pero de tanto interceder y con la ayuda de Dios, el mejor socio que pueda existir, nos quedamos con la tienda.

¡Qué éxito tan rotundo! En la inauguración ya no cabía la gente. Era tanta que nos quedamos cortos en personal. Esta es una ocasión perfecta para agradecer a los fotógrafos, modelos y amigas que entaconadas y todo nos ayudaron a atender a ese gentío, ¡gracias! Y a aquella persona amiga de lo ajeno que se nos llevó ese par de botas de flecos talla 38... no te hemos olvidado.

Por cierto, ya son dos tiendas en Bogotá. En un constante ensayo y error, en un infinito tire y afloje donde terminamos de toderos, somos lo que somos ahora: La muestra de que los sueños no se terminan cuando se cumplen, sino que siguen creciendo; que esto no es solo una empresa, es una familia cada día un tris más grande; que llegas lejos creyendo en ti, de la mano de los amigos y la familia. 

¡Vamos por más!